J Balvin: “No tengo prisa”

A diferencia de Ricky Martin y Shakira, el cantante no siente que deba cantar en inglés para ser más exitoso.

La primera canción que aparece en Energía, el nuevo álbum de J Balvin, no tiene los elementos más característicos del reggaetón.

Por el contrario, Veneno tiene percusiones inspiradas en el trap y una instrumentación tenue y misteriosa, muy al estilo de Drake; lo que resulta en una melodía que pudo haber surgido en Atlanta. La letra se refiere a Tony Montana, Rihanna y Michael Jordan.

Lo único que le resultaría desconocido de esta pista a un fanático del rap estadounidense es que, como las demás canciones del álbum, está en español.

Por ahora, esa es la forma en que J Balvin hace su mezcla: sintetiza el sonido, el estilo y la forma de enunciar del rap estadounidense moderno y el R&B y luego lo traslada a su territorio cultural.

Todo está fríamente calculado. J Balvin, cuyo nombre real es José Álvaro Osorio Balvin y nació en Medellín, se ha convertido en una estrella global pero para conquistar Estados Unidos, está intentando atraer el centro de gravedad de la música pop hacia él.

“No tengo prisa”, dijo hace dos semanas durante una visita a Nueva York para promocionar su segundo álbum de estudio. Se veía relajado; vestía una chaqueta de jean Saint Laurent con rayas de cebra y cuello rosa con estampado de leopardo.

Al coquetear con la industria musical en Estados Unidos —que incluye una audiencia de casi 55 millones de latinos— sin alejarse demasiado de las raíces del reggaetón, espera captar el interés del público sin afectar su marca internacional.

Mencionando a algunos de sus predecesores que ya han pasado por esta transición, como Ricky Martin y Shakira, Balvin dijo: “Ellos no vivieron lo que estoy viviendo. Sintieron que debían cantar en inglés para volverse más exitosos, pero yo haré todo lo que pueda en español. Y ahí veremos qué pasa”.

La primera canción que aparece en Energía, el nuevo álbum de J Balvin, no tiene los elementos más característicos del reggaetón.

Por el contrario, Veneno tiene percusiones inspiradas en el trap y una instrumentación tenue y misteriosa, muy al estilo de Drake; lo que resulta en una melodía que pudo haber surgido en Atlanta. La letra se refiere a Tony Montana, Rihanna y Michael Jordan.

Lo único que le resultaría desconocido de esta pista a un fanático del rap estadounidense es que, como las demás canciones del álbum, está en español.

Por ahora, esa es la forma en que J Balvin hace su mezcla: sintetiza el sonido, el estilo y la forma de enunciar del rap estadounidense moderno y el R&B y luego lo traslada a su territorio cultural.

Todo está fríamente calculado. J Balvin, cuyo nombre real es José Álvaro Osorio Balvin y nació en Medellín, se ha convertido en una estrella global pero para conquistar Estados Unidos, está intentando atraer el centro de gravedad de la música pop hacia él.

“No tengo prisa”, dijo hace dos semanas durante una visita a Nueva York para promocionar su segundo álbum de estudio. Se veía relajado; vestía una chaqueta de jean Saint Laurent con rayas de cebra y cuello rosa con estampado de leopardo.

Al coquetear con la industria musical en Estados Unidos —que incluye una audiencia de casi 55 millones de latinos— sin alejarse demasiado de las raíces del reggaetón, espera captar el interés del público sin afectar su marca internacional.

Mencionando a algunos de sus predecesores que ya han pasado por esta transición, como Ricky Martin y Shakira, Balvin dijo: “Ellos no vivieron lo que estoy viviendo. Sintieron que debían cantar en inglés para volverse más exitosos, pero yo haré todo lo que pueda en español. Y ahí veremos qué pasa”.

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