Una depresión casi mata a J Balvin

La fama le pasó la factura al reggaetonero en 2013, cuando lo embargaba el pánico.

Bogotá, Colombia

Fuente: Las 2 Orillas

En el 2013, antes que Maluma y Kevin Roldan se hicieran famosos, J Balvin era el reggaetonero colombiano más famoso en el mundo. Era tal su popularidad y ganas de triunfar, que este paisa nacido en 1985 era capaz de programar en un fin de semana diez conciertos. La entrega desmedida le terminaría por pasar factura.

Una mañana de junio, Balvin no quiso levantarse de su cama. Lo convencieron y casi que a rastras lo llevaron hasta el aeropuerto, pero ante el fragor de la gente que se le arrodillaba como si se tratase de un Dios pagano, empezó a tener miedo y lloró. Lo llevaron de nuevo al hotel y, según un testigo presencial, "temblaba como cuando a un niño lo sacan de una tina". Lloraba, no paraba de llorar y el pánico que lo embargaba le hacía pensar en cometer una locura.

Sí, las endorfinas que le daba a sus fans terminaron haciéndole falta para su vida cotidiana, como si toda su alegría y su energía se la llevaran los demás. Se aferró a Cristo, a la virgen, a las enseñanzas de Monseñor José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei de quien es devoto. Todo fue inútil, ninguna ayuda sobrenatural lo pudo sacar del pozo depresivo en el que la fama lo había metido.

Tenía que dormir abrazado a alguien, rehusaba a salir a sitios públicos, lo asfixiaba la gente y, sobre todo, no paraba de llorar. En cuatro meses adelgazó 30 kilos. Un sicólogo y un médico lo ayudaron. Se sometió a una dieta muy rigurosa y a tomar quemadores de grasa. Lo medicaron y a comienzos del 2014 ya estaba en los escenarios del mundo haciendo su trabajo: enloqueciendo al público y haciendo desmayar jovencitas.

Dos años después, J Balvin es el amo y pocos músicos latinoamericanos han crecido tanto como él. Sus giras en Estados Unidos cubren cerca de 30 ciudades y despierta tanta euforia como las giras de los Rolling Stones en los años setenta. Su canción Guinza ocupó, a las pocas horas de ser lanzada, el primer lugar en Billboard, la biblia de la música.

Fue llamado por los productores de La Voz para ser jurado junto a Alejandro Sanz, en donde el par de músicos han sabido crear polémica. Se dio el lujo de rechazar la invitación de Miss USA para cantar en protesta por la xenofobia galopante del dueño del evento, Donald Trump. Puso a cantar a su lado al rapero Pitbull y próximamente hará lo mismo con Justin Bieber, cosa que tiene feliz al cantante canadiense que ha expresado una y otra vez la admiración que le despierta el paisa.

Bogotá, Colombia

Fuente: Las 2 Orillas

En el 2013, antes que Maluma y Kevin Roldan se hicieran famosos, J Balvin era el reggaetonero colombiano más famoso en el mundo. Era tal su popularidad y ganas de triunfar, que este paisa nacido en 1985 era capaz de programar en un fin de semana diez conciertos. La entrega desmedida le terminaría por pasar factura.

Una mañana de junio, Balvin no quiso levantarse de su cama. Lo convencieron y casi que a rastras lo llevaron hasta el aeropuerto, pero ante el fragor de la gente que se le arrodillaba como si se tratase de un Dios pagano, empezó a tener miedo y lloró. Lo llevaron de nuevo al hotel y, según un testigo presencial, "temblaba como cuando a un niño lo sacan de una tina". Lloraba, no paraba de llorar y el pánico que lo embargaba le hacía pensar en cometer una locura.

Sí, las endorfinas que le daba a sus fans terminaron haciéndole falta para su vida cotidiana, como si toda su alegría y su energía se la llevaran los demás. Se aferró a Cristo, a la virgen, a las enseñanzas de Monseñor José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei de quien es devoto. Todo fue inútil, ninguna ayuda sobrenatural lo pudo sacar del pozo depresivo en el que la fama lo había metido.

Tenía que dormir abrazado a alguien, rehusaba a salir a sitios públicos, lo asfixiaba la gente y, sobre todo, no paraba de llorar. En cuatro meses adelgazó 30 kilos. Un sicólogo y un médico lo ayudaron. Se sometió a una dieta muy rigurosa y a tomar quemadores de grasa. Lo medicaron y a comienzos del 2014 ya estaba en los escenarios del mundo haciendo su trabajo: enloqueciendo al público y haciendo desmayar jovencitas.

Dos años después, J Balvin es el amo y pocos músicos latinoamericanos han crecido tanto como él. Sus giras en Estados Unidos cubren cerca de 30 ciudades y despierta tanta euforia como las giras de los Rolling Stones en los años setenta. Su canción Guinza ocupó, a las pocas horas de ser lanzada, el primer lugar en Billboard, la biblia de la música.

Fue llamado por los productores de La Voz para ser jurado junto a Alejandro Sanz, en donde el par de músicos han sabido crear polémica. Se dio el lujo de rechazar la invitación de Miss USA para cantar en protesta por la xenofobia galopante del dueño del evento, Donald Trump. Puso a cantar a su lado al rapero Pitbull y próximamente hará lo mismo con Justin Bieber, cosa que tiene feliz al cantante canadiense que ha expresado una y otra vez la admiración que le despierta el paisa.

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